Bienvenidos a la Página Estúpida de Diego Herranz


Tabla de contenidos:

  1. El retorno del engendro del espacio.
  2. Postulados de la Locomotipi.
  3. Fábula del Pavo Muerto y las Tortillas Feas.
  4. Carta a Margaret.
  5. Doctrices de antaño.
  6. Epistocronografía postal.
  7. Carta a Genoveva.
  8. Represión en la granja.
  9. El caso del aceite de ricino (novela detectivesca).
  10. Enlaces estúpidos.


EL RETORNO DEL ENGENDRO DEL ESPACIO

Nunca dijo que lo hacía... ni tampoco dijo qué.

Hace muchos, muchos años, cuando los grandes reptiles dominaban la Tierra, cuando el azul de los cielos solo se veía perturbado por la ocasional erupción de un volcán rabioso o la caída de un meteorito incandescente, la paz reinaba en el mundo. Eso era antes. Ahora la cosa es bien distinta. Ya nadie podrá volver a dormir en paz, ya no existirá reposo en este planeta por culpa de... el Engendro del Espacio. Llegado en una nave espacial desde una galaxia moribunda, el Engendro había recorrido millones de parsecs buscando un planeta desprevenido con el cual poder saciar su hambre de milenios, un hambre nacido de una oscuridad más negra que el sobaco de una cucaracha, de un vacío más vacuo que un programa de Leticia Sabater, y de el designio inexorable de una maldad ancestral capaz de hacer palidecer al mismísimo Medicamentazo.

La oscura nave giró en caída libre alrededor del pequeño planeta azul, indetectable para la rudimentaria tecnología de sus incautos habitantes. Una docena de sofisticados sensores de estrambótico diseño evaluaban el potencial económico y bélico de la raza dominante del planeta y, para ser del todo sinceros, también su potencial alimenticio. A la criatura que moraba en el interior no le importaba esperar un poco más. La cena no se le iba a quedar fría.

Tras una espera que hubiera sido tensa y dramática de no haber sido larga y tediosa, la nave empezó su caída contra la frágil atmósfera del planeta. Al principio bastó una sutil perturbación, luego el poderoso pozo gravitatorio planetario se encargó de todo lo demás. En una parábola de la cual Newton y Coriolis se habrían sentido plenamente orgullosos, no sin razón, la nave dió en estrellarse sobre las pútridas aguas de un remoto pantano, pantano que a la sazón estaba siendo visitado por un grupo de excursionistas totalmente desprevenidos. A lo largo y ancho de todo el Universo, está demostrado que los grupos de excursionistas totalmente desprevenidos constituyen en 95% de la dieta de toda clase de monstruos y asesinos en serie con tendencias demoniacas.

Con un siseo que hacía presagiar todo tipo de macabros detalles, la escotilla se abrió, liberando al mundo un penetrante olor a sulfuro y a calcetines usados. Gorgoteando, el Engendro se dirigió al exterior. Su figura grotesca y abotargada se estremeció bajo los débiles rayos solares que atravesaban el dosel de la vegetación, rayos que se reflejaban en los gruesos cristales de sus gafas y en su reluciente calva, llenando la selva de extrañas sombras. La realidad oscilaba al borde del abismo, esperando el hálito incierto que la empujara hacia el olvido definitivo.

Diego, el Engendro del Espacio, había regresado.

Volver al inicio de la página.


POSTULADOS DE LA LOCOMOTIPI

La Locomotipi, aclamada por la comunidad científica internacional como "la ciencia definitiva", fue desarrollada a lo largo del curso 1994-95 por los profesores Machaka y Nocillinsky, bajo los seudónimos de "Pedro Gómez- Esteban" y "Diego Herranz". En la ingente tarea que supuso el establecimiento de sus famosos diez postulados, que a continuación vamos a detallar, los autores encontraron motivación en las ganas de huir del clima de soberano aburrimiento que imperaba en las aulas, especialmente en las clases de Electricidad y Magnetismo. Su trabajo no surge de la nada, sino que se apoya en los trabajos previos de Pulido, Herranz et al. en campo de la Tocinética, rama del conocimiento que relaciona la velocidad con el tocino. En ese campo, son famosos los experimentos mentales del profesor Pulido acerca de la posi- bilidad de alcanzar enormes velocidades resbalando sobre una rodaja de tocino particularmente grasienta. En su rama de Tocinética Cuántica, se estudia el efecto de las grasas de origen animal en el desplazamiento de los fantasmas y otros seres ectoplásmicos. Como vemos, el descubrimiento de las leyes de la Locomotipi se entronca en esta fértil tradición intelectual, de la que tal vez no hayamos terminado de recoger los frutos, y que nos invita a inclinarnos ante una de las obras más monumentales del genio humano.

Volver al inicio de la página.


FABULA TRIPARTITA DEL PAVO MUERTO Y LAS TORTILLAS FEAS

Primera parte: Cuento de miedo y terror (o Diego en el Día del Pavo Muerto)

Erase que se era un país muy, muy lejano, poblado por extrañas gentes que hablaban en lenguas muy raras. En este país de ultramar existía una antigua tradición, la del Día del Pavo Muerto. En ese día, los habitantes de ese país, también llamados "americones", celebraban macabros ritos alrededor de un pavo muerto y generalmente relleno de patatas, conmemorando el día en que sus antepasados recibieron ayuda por parte de un grupo de bienintencionados indígenas que les ayudaron a pasar el duro invierno. El tiempo pasó y los "americones" devolvieron el favor a los indios robándoles sus tierras, exterminando su cultura y extinguiendo sus tribus, y todavía hoy en el Día del Pavo Muerto rememoran ese momento y se ríen mucho en la intimidad de sus hogares.

Incidentalmente, en ese lejano país vivía, en visita de trabajo, un joven y apuesto príncipe proveniente de la vieja Europa. Este príncipe en cuestión no sale para nada en nuestra historia, pero teníamos que mencionarle porque sin príncipe no hay cuento como Dios manda. En su lugar el protagonista de nuestra historia era un tipo calvo y con gafas que por aquel entonces andaba por la ciudad de Berkeley. En esta ciudad habitaba también un poderoso hechicero que moraba en un castillo tenebroso, en lo alto de una colina, cerca de la Oficina de Correos. El poderoso hechicero, Tom era su nombre, tenía numerosos vasallos y estudiantes de doctorado, y dirigía el grupo de trabajo en el que nuestro protagonista estaba.

Acercándose el Día del Pavo Muerto, el hechicero empezó a hacer los preparativos para los ritos que iban a celebrarse en su castillo. Con dedo esquelético y afilado, señaló a nuestro pobre protagonista y, con una voz profunda como una caverna, fría como el hielo, crujiente como las galletas, dijo:

- Ai, diaego, wuld yu laik tu cam guiz as and haf dinner at jom on zanksguivin dei?

Bajo esa inocente pregunta se ocultaba una orden y un ultimátum: vente a cenar con nosotros Pavo Muerto o arderás en los abismos para toda la eternidad, y además te convertiré en rana. ¿Qué podía hacer nuestro protagonista?

La respuesta era bien sencilla: una tortilla de patatas. En el Día del Pavo Muerto, la tradición mandaba que cada uno de los participantes en los ritos del Pavo aportara su propio y macabro detalle, si no quería ser convertido en parte de la cena. "La tortilla de patata es algo muy hispánico, seguro que no me incinerarán si llevo una", pensó nuestro héroe, mientras se rascaba la nariz con expresión ausente. El problema era que la fórmula de la tortilla de patata era uno de los secretos mejor guardados del reino, y la memoria de nuestro protagonista nunca había sido muy buena. ¿Quién podría ayudarle en este oscuro trance?

- MAMAAAAAAAA!!!!!

(continuará)

Segunda parte: fábula de las tortillas.

Erase que se era, no hará mucho tiempo, en un país muy, muy lejano y de cuyo nombre pronto no querré acordarme, dos hermanas tortillas. De Patata.

Normalmente, cuando en los cuentos se habla de dos hermanas, es que una de las dos es muy buena pero algo tonta y la otra es mala, malísima, mucho más inteligente y de personalidad más interesante que la buena, pero a la que al final los planes le salen mal por exigencias del guión. Sin embargo, este no es un cuento de hadas, sino uno de tortillas, y además un cuento postmoderno. En nuestra fábula, ambas hermanas eran bastante malas.

No es que no pareciesen tortillas. No, definitivamente nadie podría dudar de su tortillez, pese a que una tuviera jorobas y la otra estuviera algo chamuscada. Los suyos eran defectos más bien de carácter: una era sosa, sosísima, y la otra estaba más cargada de sal de la cuenta. El caso es que ambas, mientras nadie se interesara demasiado por su interior, podían dar el pego.

En el Reino se iba a celebrar una gran fiesta. A la fiesta iban a acudir grandes personalidades, entre las cuales no se encontraba Pinochet por habérsele denegado la inmunidad diplomática. A la casa donde vivían nuestras dos hermanas llego una invitación para la fiesta. La invitación venía en un papel con muchos membretes y no pocas letras, y era un gran honor y una gran responsabilidad recibir una de tales invitaciones.

Pero a las tortillas no les hizo mucha gracia la invitación. De hecho, estaban asustadas. Tenían miedo de que en la fiesta las importantes personalidades presentes pudieran descubrir los fallos de personalidad de cada una. En la dura rama de la industria alimenticia, o estabas buena o sólo servías para que te tiraran a la cara de tu cocinero (salvo en el caso de que fueras una tarta de nata, en cuyo caso podías estar buenísima y sin embargo acabar desparramada por la cara de alguien). Asustadas, estremecidas, las tortillas intentaron hacer lo mas sensato en esas circunstancias.

Escurrir el bulto.

MORALEJA: Todos sabemos lo que iba a cenar Diego durante la siguiente semana.....

Tercera parte: La tortillita fea.

Erase que se era, en un país multicolor y a veces algo ridículo, una tortilla de patata. La tortilla se sentía muy sola y muy triste, y algo acomplejada porque había sido hecha con aceite de maíz, lo cual en el país de las tortillas de patata era considerado una blasfemia, una herejía y algo de muy mal gusto. Además, esta tortilla no habría ganado nunca un concurso de belleza para tortillas. Ni siquiera se hubiera presentado.

Seamos políticamente correctos: la tortilla no cumplía los estrictos requerimientos estéticos del cánon de belleza de tortillas imperante. No era tan circular como ella quisiera ser, su piel estaba llena de arrugas y desniveles y su color no era muy saludable. Una de sus caras recordaba a un enfermo de hepatitis con acné y la otra tenía una mancha oscura remotamente parecida a la estatua ecuestre de Carlos III, tal como hubiera sido si en vez de montar un brioso caballo hubiese utilizado una camella reumática. Peor aún, la tortilla estaba demasiado salada.

La tortilla vivía una vida de soledad y aislamiento debido a toda la serie de complejos que le causaba su pobre apariencia física y su grado de salinidad. Durante mucho tiempo, renunció a sus derechos de tortilla, como por ejemplo el derecho a ser troceada en cuadraditos para hacer pinchos, criando polvo en su plato sobre la estantería.

Una fría noche de noviembre, la tortilla recibió la visita del HAda Buena Alimentaria (HABA), vestida con uniforme típico de empresa de "catering", quien le preguntó:

- ¿Por que estas tan triste y fría, tortillita?

- Porque nadie me quiere, oh HABA, dado que soy grasienta, salada y estéticamente disminuida.

- Tu no te preocupes, tortilla. Haré un movimiento de mi varita, diré las palabras mágicas, y en un momento te encontrarás en una cena de ignorantes bárbaros incultos extranjeros que en su vida han probado una tortilla de patatas como Dios manda. Ellos no sabrán nunca que realmente eres un desastre como tortilla, la escoria de los aperitivos hispánicos, una caquita de tentempié.

- Euh... gracias por el consuelo, creo.

Dicho y hecho, la tortilla se encontró sobre una mesa en casa de Tom el Jefazo. Allí conoció a un montón de amigos, entre ellos don Pavo Muerto y Relleno de Cositas Inidentificables, doña Salsa de Grosellas, el Plato de Boniatos y la Tarta de Manzana Poco Hecha. Incluso había unos taquitos de queso manchego la mar de simpáticos con los cuales habría hecho excelentes migas de no ser porque antes tanto ellos como la tortilla fueron devorados por gigantes bípedos y algo bebidos. En sus últimos momentos como tortilla, nuestra protagonista demostró tener cualidades insospechadas, a saber: jugosidad, tener las patatas en su punto, no ser venenosa.

Y fueron felices... hasta que acabó la digestión.

FIN

Volver al inicio de la página.


CARTA A MARGARET

Querida Margaret:

Muchas gracias por tu bonita carta. A todos nos ha encantado saber que te encuentras bien y ya totalmente reintegrada a la vida cotidiana después de tu tratamiento por alcoholismo. Espero que durante tu ausencia Adelina haya cuidado bien de las hortensias de tu jardín, porque sé que son lo que más aprecias en este mundo, después la tarta al whisky.

Nosotros nos encontramos muy bien, gracias a Dios, incluído el abuelo. Después de su último ataque se ha recuperado por completo y ahora con el buen tiempo de vez en cuando lo sacamos al jardín para que le dé el sol. Su única queja es que ya no puede comer su plato favorito, cerdo agridulce, por haber perdido el diente que le quedaba. Las visitas siempre admiran su envidiable aspecto y ya casi nadie le confunde con un paragüero.

Enriqueta vuelve a estar embarazada. Ahora se antoja todos los días de comer cerdo agridulce y no veas la cara que se le pone al abuelo. El otro día tuvimos que esconderle el bastón y todo. Enriqueta y su marido, Inesito, han decidido que si es niño le pondrán Froilán y, si es niña, no. Esperemos que no vuelva a salir negrito, porque si no puede haber problemas en ese matrimonio.

Nuestro querido Reginald, por fin, se ha sacado el carnet de piloto de locomotora y ahora anda como loco buscando una locomotora que pilotar. Ayer le robó al abuelo la silla de ruedas y pasó toda la tarde circulando por la casa, echando humo por la pipa, y rompiendo cosas. Todos nos reímos mucho. Es tan gracioso... me recuerda mucho a tí, sobre todo por tener un ojo de cada color.

El otro día tuve que despedir a Antuán, nuestro mayordomo durante los últimos veinte años. A mí nunca me molestó que anduviera de un lado para otro frotando un trocito de algodón contra los azulejos, pero cuando empezó a hacerlo sobre el cerdo agridulce la situación degeneró rápidamente, sobre todo porque luego no limpiaba el algodón y se dedicaba a extender la salsa agridulce por las paredes. A ver dónde encuentro yo ahora a otro mayordomo, con lo mal que esta el servicio.

Yo misma sigo con la rutina de siempre. Por las mañanas me levanto temprano, toco un poco el piano, insulto a los vecinos que no dejan de chillarme que qué es ese ruido a las cinco de la madrugada, rezo siete Ave Marías y me pongo a hacer ganchillo hasta la hora de comer. Luego echo una pequeña siesta, saco al abuelo al jardín y recibo a las amigas para tomar el té con cerdo agridulce de las cinco de la tarde. Jugamos todas al streap-poker, y no veas lo divertido que es ver a un conjunto de septuagenarias quitándose la faja. Luego recogemos los desperdicios y salimos de paseo por la vereda, del puente a la alameda, derramando lisura. Llego a casa a la hora de la cena, que suelo compartir con Reginald si está consciente y con Enriqueta, su marido y alguno de los niños. Vemos un poco la televisión o contamos cuentos al calor de la chimenea y, a eso de las once, me retiro a mi alcoba. Rezo Siete Ave Marías y un Padrenuestro y me voy a la cama. A eso de las dos de la madrugada suelo darme cuenta de que me he olvidado al abuelo en el jardín y salgo a recogerlo.

Y en eso transcurre mi vida. ¡ Ay, Margaret, qué ganas tengo de verte! Hace tanto que no hablamos de nuestra infancia... A ver si podemos reunirnos para Navidad o para el entierro del abuelo, lo que suceda antes. Si vienes, prepararé cerdo agridulce.

Tuya, afectísima,

Genoveva.

Volver al inicio de la página.


LA DESPEDIDA DE LA DOCTRIZ

La tormenta rugía y aullaba alrededor del castillo. Furiosas ráfagas de viento helado arrojaban la lluvia sobre las retorcidas siluetas de antiguas gárgolas que, incólumes, vigilaban con ojos pétreos y fríos las desmoronadas almenas de la edificación. Al romper contra la piedra y los tejados, la lluvia se deshacía en vapores que durante un instante parecían asumir formas de almas torturadas y en pena, antes de desvanecerse de nuevo en el olvido. Por un instante un relámpago rasgó la oscuridad, revelando el paraje alrededor del castillo, donde manadas de lobos de ojos enrojecidos se revolvían, aullando, como poseídos por un impío espíritu de locura. Muy por encima de ellos, en lo alto del más elevado torreón del castillo, una luz verdosa iluminaba desde dentro un ventanal gótico...

Con un movimiento lleno de majestuosa y premeditada gracia, la misteriosa mujer envolvió su figura en la densa negrura de su capa. Era una capa nueva, lustrosa, recién adquirida para el viaje que se avecinaba. La mujer comprobó con detenimiento la sedosa textura del terciopelo negro, que se deslizaba sobre sus cuvas como ondas de petróleo del Afganistán cayendo sobre un huerto de melones. Mirándose en el antiguo espejo cubierto de telarañas, no pudo evitar un gesto de aprobación: convenientemente siniestra, pero sin sacrificar la elegancia, como a ella le gustaba. Sólo esperaba que nadie se diera cuenta de que, en previsión de los rigores del duro invierno inglés, había sustituido el clásico forro rojo del interior de la capa por uno de borreguito. Una podía ser siniestra a la par que elegante, pero no idiota. Además, en todos los demás detalles había respetado la tradición, incluyendo el broche de plata con forma de murciélago y el cuello almidonado que, dicho sea de paso, le picaba a horrores. Considerando que rascarse no era nada siniestro ni elegante, decidió considerar el picor como uno de esos gajes del oficio y aguantar estoicamente.

Ya se disponía a retirarse del espejo cuando algo atrajo su atención con la fuerza de un electroimán. Una vez más había olvidado lo engorroso que es mirarse al espejo cuando uno tiene poderes hipnóticos. La última vez había necesitado tres semanas y un martillo del nueve para romper el hechizo de su imagen reflejada en el cristal. Sin poder evitarlo, se miró a sí misma. Tenía una cara acorde con su profesión, con la piel naturalmente pálida -no como la de aquellas otras que tenían que pasarse la noche echándose polvos de talco encima-, fruto de largos años de evitar el Sol. Sus ojos eran negros e insondables, y a esta distancia parecían del tamaño de dos campos de fútbol. Y, bajo los labios, veíanse asomar apenas las puntas de dos afilados colmillos. En cuanto al pelo, en el fondo tampoco podía quejarse. Al principio de su carrera había probado a ir por ahí con elevadas permanentes y las clásicas mechas blancas naciendo de las sienes. Luego llegó la cuenta de la peluquería correspondiente a ese mes y sabiamente reconsideró sus opciones. Ahora peinaba a raya, con el pelo, negro cual ala de cuervo, cayendo liso y de forma simétrica alrededor de su cara. El toque regional lo daba el gorro de meiga que se ponía los domingos y fiestas de guardar. Con un esfuerzo de concentración, logró romper el hechizo y apartar su vista del espejo.

El andar grácil y silencioso de la oscura dama quedó un tanto malogrado cuando tropezó con el borde de la capa y cayó de bruces sobre el suelo. Estaba visto que jamás le iba a coger el tranquillo a los malditos tacones. Pero, ¿dónde se había visto una vampiresa que midiera menos de metro ochenta? Lo de los tacones era absolutamente imprescindible, así lo decía su contrato. Esa era una de las partes que peor llevaba. Lo de hablar con acento exotico había sido facil, pues al fin y al cabo el gallego no tiene nada que envidiar al transilvano (salvo la posibilidad de decir cosas tales como "la faronessa fon Rindfleisch fefe un fino flanco esquissito"). Tampoco tenía dificultades con el horario (de hecho era una de las cosas que más le atraían de todo el asunto) ni con el tipo de dieta. Pero lo de los tacones...

Lentamente, intentando parecer todo lo digna y majestuosa posible mientras se limpiaba el polvo de la caída, la vampiresa se levantó. Extendió su mano izquierda, llena de dedos que hubieran sido esqueléticos y cadavéricos de no haber sido sonrosados y regordetes, y con un gesto mitad de bailaora de flamenco, mitad de chica del tiempo de Tele 5, realizó un símbolo arcano en el aire. Al punto se oyó un trueno ensordecedor, al tiempo que se producía una especie de implosión. Allí donde antes se encontraba la mujer, ahora había un murciélago con cara de pocos amigos. El animalito revoloteó un par de veces en torno a la habitación, titubeó un solo instante y, con las orejas bien altas, se lanzó en raudo vuelo fuera de la habitación. Un momento más tarde se le volvió a ver pasar, esta vez en la dirección correcta, intentando poner cara de alguien que posee un espíritu decidido y dinámico. Su diminuta silueta se perdió en la lejanía, rumbo al Norte...

Se iban a enterar, esos ingleses.

Volver al inicio de la página.


EPISTOCRONOGRAFÍA POSTAL

FECHA: 41 SEPTUBRE 2222
DE: CONTROL DE TRÁNSITO TEMPORAL
A: EL PASADO

Estimado señor Excmo. Mgfco. Ilmo. Honor. Estupnd. Grand. Gigant. Etc. Sr. D. Johannes Emmanuelis Benéiticus Prudentíssimus:

Es un honor y un privilegio para mí poder saludar por fin al egregio fundador y padre de nuestra gloriosa cultura. Sepa usted, señor, que casi tres siglos de investigación por parte de las mentes más preclaras del planeta han permitido finalmente perfeccionar el método de comunicación pan-temporal a través de las cartas. Claro está que no se han resuelto todos los problemas, por ejemplo aún no sabemos cómo enviar una carta de papel reciclado a más de de ochenta años de distancia, pero tenemos fe en poder resolver estos problemillas en breve. Después de arduas deliberaciones, el Consejo de Filosofía Postal y yo mismo hemos decidido que el primer destinatario de una carta enviada al pasado debería ser Usted, ya que no en vano suya fue la idea original que ha impulsado nuestro caminar todas estas décadas.

En efecto, aún se conserva en el Museo del Louvre de París, enmarcado en polidiamante de alta transparencia, el original escrito de Su puño y letra, con fecha de Uno de Marzo de 1996, en el que refiere Usted a un tal Diego, personaje oscuro que ha pasado a los libros de Historia solo por asociación indirecta con Vuestra Excelencia, la posibilidad de interpretar el tiempo de una forma totalmente novedosa para los estándares de su época. Señala Usted que el tiempo posiblemente tenga tres o más sentidos (concretamente tiene veintisiete sentidos, menos los domingos y fiestas de guardar en los que el número de estos se reduce a la mitad) y manifiesta acertadamente que las cartas ofrecen la posibilidad de separar o juntar los instantes temporales a voluntad. Cita Usted en su carta como fuente de inspiración la obra de don Sapientín Mundánez, Populoso, "Sabiduría popular del mundo", que a juzgar por los comentarios de Usted debió contener profundísimas revelaciones acerca de la estructura del Universo todo. Desgraciadamente todos los ejemplares de dicha obra fueron incinerados accidentalmente por la Censura Vaticana en el año 2013 (1). Realmente me gustaría conocer el contenido de dicho libro.

Tendrá Usted sin duda curiosidad por conocer cómo ha cambiado el mundo desde finales del siglo XX hasta este momento. Aunque poner en su conocimiento muchos detalles podría cambiar la Historia, estoy autorizado a contarle en líneas generales algunos de los eventos más importantes y relatarle de forma resumida los muchos logros de la civilización en estos años:

Empezamos la crónica poco después de su histórica carta de marzo de 1996. En las elecciones democráticas de marzo del año 2000 las urnas españolas ejercitaron un auténtico tour de force de la indecisión; el país quedó en confusión legislativa. El Partido en el Poder (abreviaremos en lo sucesivo llamándolo P.P.), pese a la ayuda incuestionable de los nacionalistas, se vio forzado a realizar un complicado juego de alianzas políticas con todas y cada una de las fuerzas del espectro parlamentario. En ese período de inestabilidad, marcado por las dimisiones sucesivas de altos cargos gubernamentales con problemas monetarios, se aprobó y rechazó por tres veces consecutivas la ley del aborto, se estableció la pena de muerte (pero sólo para ecologistas pirómanos), se colocó la jubilación anticipada en la edad de 23 años para los andaluces y de 150 para los catalanes (¿o era al revés?) y se establecieron relaciones diplomáticas formales con Abisinia, país que había desaparecido cincuenta años antes. Dado el pertinaz clima de crispación, doña Ana Botella, presidenta a la sazón del Gobierno después del internamiento en un sanatorio del señor Aznar debido a una grave crisis nerviosa, decidió convocar elecciones anticipadas para mayo de 2001.

Para esas elecciones el P.P. contó con la novedosa idea de sustituir totalmente sus candidatos en las listas electorales por independientes de reconocida fama. Atacó desde el principio con una campaña agresiva y espectacular: mítines cantados por María del Monte e Isabel Pantoja, panfletos en los que se veía a Almunia devorando con glotonería una tortilla de patata con la forma del territorio nacional, corridas de toros de Jesulín gratuitas para las votantes y un amplio etcétera de geniales ideas ante las cuales el resto de partidos no supieron reaccionar a tiempo. El país se volcó en el partido de centro-derecha. Con un 95% de escaños en el Congreso y en el Senado, el P.P. pudo formar gobierno estable, sin olvidar sus promesas electorales: durante años se recordó aquel Ejecutivo presidido por Chiquito de la Calzada y, como vicepresidente, José María Ruiz-Mateos, quien por fin pudo vengarse de Boyer obligándole por decreto a estamparse tartas de nata en la calva una vez al día durante el resto de su vida. Fueron tiempos de gran prosperidad para las artes, auspiciada por la ministra de Cultura, Ana García Obregón. También mejoró la economía gracias a la gestión de Rocío Jurado y su José quienes, compartiendo cartera ministerial, recorrieron toda España en sucesivas giras ofreciendo galas y llenando con su aje todos los hogares trabajadores del país.

Después de quince años de gobierno del remodelado P.P., el turno de poder llegó con el ascenso del P.R.I. (Partido Roldanista Independiente) que, ayudado en el Parlamento por el P.U.P.A. (Partido Unido del Pueblo Astorgano), decuplicó la fortuna de los españoles mediante la simple operación de añadir con rotulador del siete un cero a todos los billetes de curso legal. Después vinieron las fatídicas elecciones del 2019, en las cuales se contaron siete veces más votos que votantes, lo que provocó sorpresa general y alguna que otra sospecha por parte de los escépticos empedernidos. El P.R.I. obtuvo una mayoría aplastante en dichos comicios, pero la súbita desaparición del presidente electo (relacionada según las malas lenguas con un asunto de faldas) provocó el desmembramiento del partido y hubo que convocar nuevas elecciones. Los problemas en el censo motivaron un retraso de ocho meses en la celebración del plebiscito, etapa durante la cual no se contó con ningún tipo de gobierno. Es esa época, recordada por todos con gran cariño, la economía creció un 300%.

2020 fue el año de la llegada al poder del P.A.T.O. (PArtido del Trabajador y el Obrero), formación que, paradójicamente, sólo contaba con empresarios en sus filas. El ministro de Economía y Hacienda, Oscartiz-10, fue galardonado en el 2025 con el premio Nobel de Economía y en el 2027 con el Nobel de Literatura. En el 2029, dentro de su tercer mandato, consiguió poner fin a la inflación. El precio de una barra de pan estaba, por aquel entonces, en torno al millón y medio de euros (variando según la Comunidad Autónoma).

Fue por aquel entonces cuando empezaron a surgir los primeros grupos bocatistas y sandwichistas. El bocatismo y el sandwichismo se empezaban a perfilar como los grandes movimientos sociales, políticos, filosóficos y deportivos del siglo XXI. Los bocatistas eran tradicionalistas extremos que propugnaban la conservación de los valores culturales del país por encima de todo. Como máximos exponentes de dicha cultura proponían la bota de vino, el bocadillo de tortilla de patata y la copla como suprema expresión musical. Los sandwichistas, por contra, eran anglófilos convencidos que sólo consumían hamburguesas, perritos calientes y sandwiches mientras veían vídeos musicales extranjeros y películas de Chuck Norris.

Mientras tanto, factores ajenos a la Nación como fueron la pertinaz sequía y el pequeño amago de guerra atómica entre Israel y China, unido al triple derrumbamiento de la bolsa del 2032, pusieron fin al gobierno del P.A.T.O. Vino luego una época de alternancia política entre comunistas radicales y ultraderechistas skin que se saldó con veintisiete mil doscientos catorce muertos en atentados de variada índole entre el 2033 y el 2081. En dicho año llegó al poder el Grupo Sandwichista Mayoritario, aprovechando un momento de disensión interna entre los bocatistas, quienes se escindían en grupos regionales que defendían a ultranza unos el cocido, otros la paella, otros la fabada y así hasta treinta y ocho platos diferentes (2). El Grupo Sandwichista no pudo pese a todo convertir el inglés en lengua oficial del Estado gracias a la denodada oposición de la Real Academia de la Lengua y, sobre todo, de la Sociedad Protectora de Animales. El senador Rigoberto Malaspulgas, excelente orador y bocatista convencido, torpedeó una y otra vez el malogrado Proyecto No De Ley 4284004/5.A según el cual se prohibiría el uso del segundo apellido.

A todo esto, las ciencias y la vida social no habían quedado en absoluto estancadas. Por ejemplo, la reapertura del programa espacial por parte de las principales potencias llevó a todo el sistema planetario la civilización y el orden. En la actualidad, sin ir más lejos, es posible visitar en quince minutos la sección de lencería de El Corte Inglés, sita en la Luna, o tomarse unas copichuelas con alguna amiga especial bajo la romántica luz del atardecer marciano (3). En la vida social también se hicieron grandes progresos. El trimonio y el tetramonio, originalmente términos matemáticos bastante oscuros, se convirtieron en las unidades familiares de moda, más variadas y divertidas que las antiguas. Además, gracias a los prodigios de la ingeniería genética, los solitarios empedernidos podían formar ellos solos tri, tetra e incluso pentamonios en su propio cuerpo y, por un módico "plus" adicional en el pago, un equipo de psicólogos expertos podían desarrollar en el feliz multimoniado todo un juego completo de personalidades múltiples, que ni siquiera tenían por qué conocerse unas a otras. Desde Norteamérica se extendieron nuevas formas de ocio, como por ejemplo el uso de jondungos y mandorcios. Estas prácticas fueron entusiásticamente adoptadas por los sandwichistas, y por aquellos años todos los escolares de España eran obligados a jondungar y mandorciar varias horas al día, quisiéranlo o no.

A muchos de los bocatistas de la época les ofendieron profundamente este tipo de medidas, sobre todo las relacionadas con la jondungación, hasta el punto de convocarse imponentes manifestaciones en las que se coreaban consignas como "Sangüises al retrete" y "No nos toquéis los mandorcios". Reunidos en la noble ciudad de Lepe, los bocatistas acordaron poner fin a sus diferencias y oponerse a la tiranía de los sandwichistas aunque fuera por la fuerza de las armas.

Éste es un episodio triste de la historia de España. El alzamiento de los bocatistas dio comienzo a la Guerra del Colesterol, que duró ocho largos años y en la que murieron diecisiete millones y medio de personas, saldándose con el llamado Compromiso de Albacete (4) y la decadencia de ambos bandos, bocatista y sandwichista. Terminada la guerra, y ya en los albores del siglo XXII, un grupo de regeneracionistas se propusieron reparar el país. Para ello alicataron toda la Mancha, pintaron de cal todas las marcas de obuses y pulieron esmeradamente las principales cadenas montañosas hasta dejarlas al nivel de la llanura. Desafortunadamente, el presupuesto se terminó a mitad de Sierra Morena, dejando al país en la más espantosa miseria.

Los años que siguieron a estos eventos fueron oscuros y tristes. Mas de pronto surgió de entre las masas hambrientas un héroe legendario, a quien la Historia no ha hecho plenamente justicia, que ejemplificó el espíritu de nuestro noble pueblo: robaba a los ricos para dar a los pobres; luego se percataba de que los ricos de antes eran después del robo pobres, y los pobres, ricos, de modo que robaba a los pobres enriquecidos para regalar luego el botín a los ricos empobrecidos. Después robaba a los ricos ex-pobres ex-ricos con la inteción de devolvérselo a los confundidos pobres ex-ricos ex-pobres, pero durante el recuento del dinero se daba cuenta de que había perdido algún que otro céntimo por lo que, honrado como era, volvía sobre sus pasos, confiando la recaudación a alguno de sus fieles lugartenientes, el cual al punto huía a Miami con el dinero. Después algún rico-pobre-rico-pobre le convencía mediante sutiles argucias de que lo mejor era que robara a los pobres y le entregara la recaudación a él; hecho ésto nuestro héroe se retractaba e intentaba enmendarse, pero mientras tanto el rico-pobre-rico-pobre-nuevamente rico había tomado ya las de Villadiego y todo el ciclo volvía a empezar. Al final de su vida este héroe, del que sólo diré que no se sabe a ciencia cierta el nombre, murió solo y triste, no sin antes haberse robado a sí mismo un par de veces. A sus expensas una nueva oligarquía se había enriquecido y empezaba a reactivar la economía del país.

La floreciente clase comercial estuvo a punto de desaparecer por la crisis mundial en el mercado de los jondungos, pero consiguió salvarse gracias a la exportación masiva de artesanías de encaje de bolillos y botellas de anís de cristal esmerilado. Hacia el año 2170 el país funcionaba bastante bien, o lo hubiera hecho si los nacionalistas catalmurcianos hubiesen dejado de dar la lata. Hubo un intento de golpe militar en el 2178, apoyado por una pequeña facción de viejos bocatistas "gazpachos", pero fracasó gracias a que su líder, el coronel Mostacho, se dió cuenta de que nadie hacía especial caso al asunto y decidió volver a casa a terminar una partida de mus que había dejado a medias.

El final de siglo estuvo marcado por dos grandes descubrimientos de primer orden: por un lado los trabajos de Asensio Triquiñuela, científico y filósofo ecléctico que formuló su famoso principio según el cual el fundamento último del Universo es la ridiculez (5) y, por otro lado, el redescubrimiento y los primeros avances en la investigación de la Crononáutica Postal, que ahora nos ocupa. El desarrollo de esta última ciencia fue espectacular gracias a los generosos donativos de múltiples mecenas del mundo de las finanzas quienes, deseosos de poder hacer de aquí a unos lustros la declaración de Hacienda del presente año, tenían un especial interés en el avance del saber humano.

Desgraciadamente, los trabajos teóricos de Matías Swanson demuestran claramente la existencia de un límite práctico a la extensión de una carta que viaja hacia atrás en el tiempo: no puede tener más de cinco o, a lo sumo, seis folios de longitud. Lo idóneo, según algunos brillantes y jóvenes cerebros, es el empleo de postales, capaces de transmitir más de mil palabras en muy poco espacio. Otra posibilidad que se halla en fase de investigación es la de mandar hacia atrás cartas hechas de papel de fumar, e incluso de papel higiénico. Pero hasta el momento son sólo atrevidas especulaciones. Por el momento debemos limitarnos a lo que nos imponen las teorías vigentes, y por tanto debo despedirme. Quisiera antes, no obstante, agradecerle a Usted el hecho de Haber Existido, y no sólo eso, sino también el que Haya Usted Existido con Tal Gracia y Salero.

Un afecuoso saludo:

Ogeid Znarreh, jefe de control de tránsito temporal


(1) La Iglesia Católica, incluso después de aceptar el uso del matasuegras y el sello de látex, se ha opuesto firmemente a los estudios en materia temporal por considerar que ni las Escrituras ni el legado de los Padres de la Iglesia mencionan la posibilidad de leer hoy el periódico de mañana. Dicho sea de paso, tampoco dicen nada acerca de los periódicos en sí. No obstante, el Concilio del año 2160 tuvo que reconsiderar su postura ante el hecho irrefutable de que las cartas de San Pablo han viajado efectivamente hacia el futuro desde que fueron escritas en el siglo I. En la encíclica "tempora explanans", el sumo pontífice declara el viaje en el tiempo pecado venial siempre y cuando se viaje hacia adelante únicamente. El viaje hacia atrás es considerado causa de excomunión salvo en el caso de ser presenciado por un mínimo de 20.000 testigos, en cuyo caso entraría en las listas vaticanas de posibles milagros, pudiendo dar lugar a un proceso de beatificación en toda regla. (CONTINUAR)

(2) Sin contar postres. (CONTINUAR)

(3) La relativa accesibilidad del vuelo espacial no lo convierte en algo exento de problemas. Un claro ejemplo está en el Cinturón de Asteroides, lugar favorito de las familias de clase media para hacer meriendas dominicales. Los domingueros acostumbran a llevarse piedrecitas de recuerdo, despoblando la región de aerolitos; muchos se dejan los envoltorios de paella precocinada a la vista de los cosmonautas; por si fuera poco, los atascos de tráfico a la vuelta del fin de semana son inmensos. A veces uno llega a envidiar la tranquila vida de que disfrutaban ustedes a finales del siglo XX, sin este tipo de inconvenientes. (CONTINUAR)

(4) El Compromiso de Albacete llegaba a una solución salomónica que permitía a los españoles de ambos bandos comer pizzas (de pasta fina), siempre que las aceitunas y alcaparras fueran de producción nacional. La paz estuvo a punto de quebrarse debido a una diferencia de opiniones con respecto al número máximo de anchoas permitido, que provocó gran zozobra entre los estadistas y más de un sumarísimo fusilamiento. (CONTINUAR)

(5) Tras los trabajos del profesor Triquiñuela los físicos aceptan cuatro fuerzas fundamentales en la base de todos los fenómenos naturales: la Ridiculez, la Mala Leche, la Concupiscencia y la Idiosincrasia. (CONTINUAR)

Volver al inicio de la página.


CARTA A GENOVEVA

Querida Genoveva:

Me acaban de entregar tu encartadora misiva. Al principio la confundí con una monocotiledónea, mas luego me di cuenta de que no podía ser porque carecía de estambres y pistilos. Ya antes de abrirla supe que sólo podía provenir de tu persona, por el inconfundible aroma de cerdo agridulce que de ella emanaba. Eso, o el repartidor del restaurante chino de la esquina ha vuelto a su pluriempleo como cartero. Ahora que lo pienso, eso explicaría muchas cosas.

¡Me ha alegrado tanto saber que el abuelo está mejor! Aún recuerdo esas interminables noches de invierno, escuchando sus amenas historias de la Guerra, sentada entre sus rodillas.... todavía conservo intactas las almorranas. Fue también por aquel entonces cuando descubrí dónde guardaba el tío Humberto la petaca con el whisky. ¡Qué tiempos!

Qué felices eramos entonces, y no ahora, en estos años de desconsolada vejez y abstinencia. Menos mal que tengo la compañía de Adelina, aunque ya no es la que era, la pobre. Desde que murió su marido, don Praxíteles, se la nota muy desconsolada. Ya no nos deleita con sus conciertos de bombo, ni ha vuelto a pescar ballenas como antaño. Ni siquiera sus viejas amigas del equipo de demoliciones femenino han conseguido sacarla de su apatía. Va de un lado para otro como alma en pena. Incluso diría que ha adelgazado, aunque es difícil saberlo, ya que nunca la he visto entera. Y eso no es todo. Sospecho que por las noches entra furtivamente en mi cuarto y me roba mis supositorios. Pero yo estoy dispuesta a perdonarla, porque al fin y al cabo somos amigas. Además, siempre que puedo le quito sus antidepresivos y se los cambio por caramelos de menta, o a veces por algún comprimido de Viagra. ¡Eso sí que la anima un montón!

Estas entrañables rencillas de viejas son lo único que nos salva del aburrimiento a Adelina y a mí. Eso y nuestro pequeño jardincito, con sus hortensias. Podemos pasarnos horas cuidando cada ramita, cada tallo, cada brote, preparándolo todo para la Feria Floral anual. Por desgracia nunca conseguimos participar, ya que siempre nos cansamos antes y acabamos fumándonos las hortensias. ¡La jardinería ofrece muchas satisfacciones!

Y ahora te tengo que dejar, porque viene Adelina a buscarme para nuestra ronda diaria por los puertos de la ciudad. A veces llega algun marinero extranjero muy necesitado y muy corto de vista, ya sabes.

Da recuerdos a Enriqueta y al tonto de su marido. A ver si me acuerdo un día de éstos de enviarle a Reginald unas hortensias al sanatorio.

Tuya siempre,

Margaret

Volver al inicio de la página.


REPRESIÓN EN LA GRANJA

Era el momento de la Aurora. Amanecía sobre los verdes prados. Los tímidos rayos de sol se demoraban por entre las veredas, disipando lentamente los últimos vestigios de neblina que el relente de la noche había formado, arrojando una suave luz sin apenas matices a lo largo de cañadas y vericuetos, titilando sobre el rocío y las aguas del arroyo. A lo lejos, los tejados de la aldea dormitaban bajo la benévola mirada de un antiguo y venerable campanario. Todo era paz en el desprevenido valle.

Llegó ella, brincando ladera abajo, risueña, tarareando alegremente una melodía infantil. Tenía las orondas mejillas encendidas de juvenil arrebol y sus ojos chispeaban, alegres, mientras entonaba para sí misma su canción. Vestía un sencillo traje de pastorcilla adornado con una pelliza amarillo limón y el cabello negro suelto, flotando alrededor de sus orejas. Toda ella parecía directamente extraída de un anuncio de "Timotei".

De pronto, un ruido proviniente de los arbustos del camino sobresaltó a la muchacha. Con un respingo detuvo su trotar y, cautelosamente, se aproximó al lugar del que provenía la perturbación. Para su sorpresa y deleite un enorme conejo blanco y marrón salió de entre los matojos y, moviendo graciosamente su naricilla, se la quedó mirando unos instantes. Segundos más tarde, el gracioso animalito se dio la vuelta y emprendió juguetona huida, meneando cómicamente su rabito.

"¡Conejito, conejito!", llamó con voz aguda la niña, "¡Vuelve! Quiero jugar contigo". Y, recogiendo un poco su faldita, saltó al campo en pos del algodonoso animalito. Corrieron ambos entre las margaritas, las caléndulas y las berenjenas silvestres, provocando remolinos de pétalos y polen tras sus pasos. Por allá donde pasaban, decenas de animalitos alérgicos les saludaban con regocijados estornudos y algún que otro ocasional esputo. De un lado a otro del valle corrieron, hasta que por fin el cansancio empezó a hacer mella en la pastorcilla. Desconsolada, tuvo que sentarse sobre un grueso tronco para recuperar el aliento. "Qué pena más negra", se decía, "yo sólo quería un amiguito para quererlo y abrazarlo y cuidarlo y agobiarlo con innumerables carantoñas".

Pasaban por allí en ese momento el leñador de la aldea y el guardabosques, que habían salido temprano aquella mañana para realizar sus valiosos trabajos. El leñador recogía madera y con ella confeccionaba muebles para toda la aldea, mientras que el guardabosques era calvo. Oyendo los lamentos y quedidos de la muchacha, ambos rudos hombres sintieron conmoverse sus corazones y acordaron mutuamente dar caza al conejito y ofrecérselo a la niña para que la sonrisa pudiera volver a su mofletudo rostro.

Y, finalmente, tras una larga cacería y no pocos heroicos esfuerzos, los dos hombres pusieron a los pies de la pastorcilla el suave mamífero. Y a partir de ese momento el conejito vivió en una hermosa jaula de reducidas dimensiones, de la cual la joven pastorcilla podía sacarlo cada vez que quería satisfacer sus deseos de sentirse querida.

Y fueron felices y comieron conejo en pepitoria.

Volver al inicio de la página.


Algunos Enlaces Estúpidos

Volver al inicio de la página.