Hace muchos, muchos años, cuando los grandes reptiles
dominaban la Tierra,
cuando el azul de los cielos solo se veía perturbado por la ocasional
erupción
de un volcán rabioso o la caída de un meteorito
incandescente, la paz reinaba
en el mundo. Eso era antes. Ahora la cosa es bien distinta.
Ya nadie podrá
volver a dormir en paz, ya no existirá reposo en este planeta
por culpa de...
el Engendro del Espacio. Llegado en una nave espacial desde una galaxia
moribunda, el Engendro había recorrido millones de parsecs buscando un
planeta
desprevenido con el cual poder saciar su hambre de milenios, un hambre nacido
de una oscuridad más negra que el sobaco de una cucaracha, de un
vacío más
vacuo que un programa de Leticia Sabater, y de el designio inexorable de una
maldad ancestral capaz de hacer palidecer al mismísimo Medicamentazo.
La oscura nave giró en caída libre alrededor del
pequeño planeta azul,
indetectable para la rudimentaria tecnología de sus
incautos habitantes. Una
docena de sofisticados sensores de estrambótico diseño evaluaban
el potencial
económico y bélico de la raza dominante del planeta y,
para ser del todo
sinceros, también
su potencial alimenticio. A la criatura que moraba en el
interior no le importaba esperar un poco más. La cena no se le iba a
quedar fría.
Tras una espera que hubiera sido tensa y dramática
de no haber sido larga
y tediosa, la nave empezó su caída contra la
frágil atmósfera del planeta. Al
principio bastó una sutil perturbación,
luego el poderoso pozo gravitatorio
planetario se encargó de todo lo demás. En una
parábola de la cual Newton y
Coriolis se habrían sentido plenamente orgullosos, no sin
razón, la nave dió
en estrellarse sobre las pútridas aguas de un remoto pantano,
pantano que a
la sazón estaba siendo visitado por un grupo de excursionistas
totalmente
desprevenidos. A lo largo y ancho de todo el Universo, está
demostrado que
los grupos de excursionistas totalmente desprevenidos constituyen en 95% de
la dieta de toda clase de monstruos y asesinos en serie con tendencias
demoniacas.
Con un siseo que hacía presagiar todo tipo de macabros detalles, la
escotilla se abrió, liberando al mundo un penetrante olor a sulfuro y a
calcetines usados. Gorgoteando, el Engendro se dirigió al exterior. Su
figura grotesca y abotargada se estremeció bajo los débiles
rayos solares
que atravesaban el dosel de la vegetación, rayos que se
reflejaban en los
gruesos cristales de sus gafas y en su reluciente calva, llenando la selva
de extrañas sombras. La realidad oscilaba al borde del abismo, esperando
el hálito incierto que la empujara hacia el olvido definitivo.
La Locomotipi, aclamada por la comunidad científica
internacional como
"la ciencia definitiva", fue desarrollada a lo largo del curso 1994-95 por
los profesores Machaka y Nocillinsky, bajo los seudónimos de
"Pedro Gómez-
Esteban" y "Diego Herranz". En la ingente tarea que supuso el establecimiento
de sus famosos diez postulados, que a continuación vamos a detallar, los
autores encontraron motivación en las ganas de huir del clima de
soberano
aburrimiento que imperaba en las aulas, especialmente en las clases de
Electricidad y Magnetismo. Su trabajo no surge de la nada, sino que se apoya
en los trabajos previos de Pulido, Herranz et al.
en campo de la Tocinética,
rama del conocimiento que relaciona la velocidad con el tocino. En ese campo,
son famosos los experimentos mentales del profesor Pulido acerca de la posi-
bilidad de alcanzar enormes velocidades resbalando sobre una rodaja de tocino
particularmente grasienta. En su rama de Tocinética Cuántica,
se estudia el
efecto de las grasas de origen animal en el desplazamiento de los fantasmas
y otros seres ectoplásmicos. Como vemos, el
descubrimiento de las leyes de
la Locomotipi se entronca en esta fértil tradición
intelectual, de la que
tal vez no hayamos terminado de recoger los frutos, y que nos invita a
inclinarnos ante una de las obras más monumentales del genio humano.
Primer postulado: Todos los postulados de la Locomotipi son ciertos.
Segundo postulado: El primer postulado de la Locomotipi puede que
sea falso.
Tercer postulado: X=X (Postulado de Mecánica
Obvia).
Cuarto postulado: El fenómeno más sencillo
que estudia la Locomotipi
es el colapso autoinducido de las variedades no-riemannianas multifocales
de dimensión arbitraria en n-uplas conjugadas bicéfalas
parcialmente conexas
en estratificaciones cóncavas cuya topología varía
sincrónicamente.
Quinto postulado: El fenómeno más complejo que
estudia la Locomotipi
es la Locomotipi.
Sexto postulado (Principio de Inextrincabilidad):
Nadie puede rebatir
la Locomotipi, porque nadie la entiende.
Sexto bis (Corolario al P.I.): El único fallo del
Principio de
Inextrincabilidad es que los autores de la Locomotipi aún
están intentando
decidir qué porras dice su teoría.
Se admiten sugerencias en esta dirección
de correo electrónico.
Séptimo postulado (Ley de Adaptabilidad): En
la Locomotipi una
fórmula dada se puede escribir de la manera que a uno le de la gana. Se
pierde cualquier dato útil, pero nunca te equivocas.
Octavo postulado: La Locomotipi no pretende descubrir el
funcionamiento de las cosas, ni el origen del Universo, ni el
sentido de la vida,
sino más bien todo lo contrario.
Noveno postulado (Principio de Egocentrismo Absoluto de Machaka y
Nocillinsky): Si algo no se entiende,
es que no merece la pena dedicarse a
ello. Si en algun momento falla la adecuación entre la
teoría y la realidad,
lo que está mal es la realidad. Todo esto se resume en un
solo enunciado:
"Los que se equivocan son los demás, no yo".
FABULA TRIPARTITA DEL PAVO MUERTO Y LAS TORTILLAS FEAS
Primera parte: Cuento de miedo y terror (o Diego en el Día del Pavo Muerto)
Erase que se era un país muy, muy lejano, poblado
por extrañas gentes
que hablaban en lenguas muy raras.
En este país de ultramar existía una
antigua tradición, la del Día
del Pavo Muerto. En ese día, los habitantes
de ese país, también llamados "americones",
celebraban macabros ritos
alrededor de un pavo muerto y generalmente relleno de patatas, conmemorando
el día en que sus antepasados recibieron
ayuda por parte de un grupo de
bienintencionados indígenas que les ayudaron a
pasar el duro invierno. El
tiempo pasó y los "americones"
devolvieron el favor a los indios robándoles
sus tierras, exterminando su cultura y extinguiendo sus tribus, y
todavía
hoy en el Día del Pavo Muerto rememoran ese momento y se ríen
mucho en la
intimidad de sus hogares.
Incidentalmente, en ese lejano país vivía,
en visita de trabajo, un joven
y apuesto príncipe proveniente de la vieja Europa.
Este príncipe en cuestión
no sale para nada en nuestra historia, pero teníamos
que mencionarle porque
sin príncipe no hay cuento como Dios manda.
En su lugar el protagonista de
nuestra historia era un tipo calvo y con gafas que por aquel entonces andaba
por la ciudad de Berkeley. En esta ciudad
habitaba también un poderoso hechicero
que moraba en un castillo tenebroso, en lo alto de una colina, cerca de la
Oficina de Correos. El poderoso hechicero, Tom era su nombre, tenía numerosos
vasallos y estudiantes de doctorado, y dirigía el grupo
de trabajo en el que
nuestro protagonista estaba.
Acercándose el Día del Pavo Muerto,
el hechicero empezó a hacer los
preparativos para los ritos que iban a celebrarse en su castillo. Con dedo
esquelético y afilado,
señaló a nuestro pobre protagonista y, con una voz
profunda como una caverna, fría como el hielo,
crujiente como las galletas,
dijo:
- Ai, diaego, wuld yu laik tu cam guiz as and haf dinner at jom on
zanksguivin dei?
Bajo esa inocente pregunta se ocultaba una orden y un ultimátum:
vente
a cenar con nosotros Pavo Muerto o arderás en los abismos para toda
la
eternidad, y además te convertiré en rana.
¿Qué podía hacer nuestro protagonista?
La respuesta era bien sencilla: una tortilla de patatas. En el
Día del
Pavo Muerto, la tradición mandaba que cada uno de los
participantes en los
ritos del Pavo aportara su propio y macabro detalle, si no
quería ser
convertido en parte de la cena. "La tortilla de patata es algo muy
hispánico,
seguro que no me incinerarán si llevo una",
pensó nuestro héroe, mientras
se rascaba la nariz con expresión ausente.
El problema era que la fórmula
de la tortilla de patata era uno de los secretos mejor guardados del reino,
y la memoria de nuestro protagonista
nunca había sido muy buena. ¿Quién
podría ayudarle en este oscuro trance?
- MAMAAAAAAAA!!!!!
(continuará)
Segunda parte: fábula de las tortillas.
Erase que se era, no hará mucho tiempo,
en un país muy, muy lejano y de
cuyo nombre pronto no querré acordarme,
dos hermanas tortillas. De Patata.
Normalmente, cuando en los cuentos se habla de dos hermanas, es que una
de las dos es muy buena pero algo tonta y la otra es mala, malísima,
mucho
más inteligente y de personalidad más interesante que la
buena, pero a la
que al final los planes le salen mal por exigencias del guión.
Sin embargo,
este no es un cuento de hadas, sino uno de tortillas, y
además un cuento
postmoderno. En nuestra fábula, ambas hermanas eran bastante malas.
No es que no pareciesen tortillas. No, definitivamente nadie podría
dudar
de su tortillez, pese a que una tuviera jorobas y la otra estuviera algo
chamuscada. Los suyos eran defectos más bien de carácter:
una era sosa,
sosísima, y la otra estaba más cargada de sal de la cuenta.
El caso es que
ambas, mientras nadie se interesara demasiado por su interior, podían
dar
el pego.
En el Reino se iba a celebrar una gran fiesta. A la fiesta iban a
acudir grandes personalidades, entre las cuales no se encontraba Pinochet
por habérsele denegado la inmunidad diplomática.
A la casa donde vivían
nuestras dos hermanas llego una invitación para la fiesta.
La invitación
venía en un papel con muchos membretes y no pocas letras, y
era un gran
honor y una gran responsabilidad recibir una de tales invitaciones.
Pero a las tortillas no les hizo mucha gracia la invitación.
De hecho,
estaban asustadas. Tenían miedo de que en la fiesta las importantes
personalidades presentes pudieran descubrir los fallos de personalidad de
cada una. En la dura rama de la industria alimenticia, o estabas buena o
sólo servías para que te tiraran a la cara de tu cocinero
(salvo en el
caso de que fueras una tarta de nata, en cuyo caso podías
estar buenísima
y sin embargo acabar desparramada por la cara de alguien). Asustadas,
estremecidas, las tortillas intentaron hacer lo mas sensato en esas
circunstancias.
Escurrir el bulto.
MORALEJA: Todos sabemos lo que iba a cenar Diego durante la siguiente
semana.....
Tercera parte: La tortillita fea.
Erase que se era, en un país multicolor y a veces algo
ridículo, una
tortilla de patata. La tortilla se sentía muy sola y muy triste,
y algo
acomplejada porque había sido hecha con aceite de maíz,
lo cual en el
país de las tortillas de patata era
considerado una blasfemia, una herejía
y algo de muy mal gusto. Además, esta tortilla no habría
ganado nunca un
concurso de belleza para tortillas. Ni siquiera se hubiera presentado.
Seamos políticamente correctos: la tortilla no
cumplía los estrictos
requerimientos estéticos del cánon de
belleza de tortillas imperante. No
era tan circular como ella quisiera ser, su piel estaba llena de arrugas
y desniveles y su color no era muy saludable. Una de sus caras recordaba
a un enfermo de hepatitis con acné y la otra
tenía una mancha oscura remotamente parecida
a la estatua ecuestre de Carlos III, tal como hubiera
sido si en vez de montar un brioso caballo hubiese utilizado una camella
reumática. Peor aún, la tortilla estaba demasiado salada.
La tortilla vivía una vida de soledad y
aislamiento debido a toda la serie
de complejos que le causaba su pobre apariencia física
y su grado de salinidad.
Durante mucho tiempo, renunció a
sus derechos de tortilla, como por ejemplo
el derecho a ser troceada en cuadraditos para hacer pinchos, criando polvo
en su plato sobre la estantería.
Una fría noche de noviembre, la tortilla
recibió la visita del HAda Buena
Alimentaria (HABA), vestida con uniforme típico
de empresa de "catering", quien
le preguntó:
- ¿Por que estas tan triste y fría, tortillita?
- Porque nadie me quiere, oh HABA, dado que soy grasienta, salada y
estéticamente disminuida.
- Tu no te preocupes, tortilla. Haré un movimiento de mi varita,
diré las
palabras mágicas, y en un momento te
encontrarás en una cena de ignorantes
bárbaros incultos extranjeros que en su
vida han probado una tortilla de
patatas como Dios manda. Ellos no sabrán
nunca que realmente eres un desastre
como tortilla, la escoria de los aperitivos hispánicos,
una caquita de
tentempié.
- Euh... gracias por el consuelo, creo.
Dicho y hecho, la tortilla se encontró sobre una mesa en casa de Tom
el Jefazo. Allí conoció a un
montón de amigos, entre ellos don Pavo Muerto
y Relleno de Cositas Inidentificables, doña Salsa de Grosellas, el
Plato
de Boniatos y la Tarta de Manzana Poco Hecha. Incluso había unos
taquitos de
queso manchego la mar de simpáticos con los cuales
habría hecho excelentes
migas de no ser porque antes tanto ellos como la tortilla fueron devorados
por gigantes bípedos
y algo bebidos. En sus últimos momentos como tortilla,
nuestra protagonista demostró tener cualidades insospechadas,
a saber:
jugosidad, tener las patatas en su punto, no ser venenosa.
Muchas gracias por tu bonita carta. A todos nos ha encantado saber que
te encuentras bien y ya
totalmente reintegrada a la vida cotidiana después de
tu tratamiento por alcoholismo. Espero que durante tu ausencia Adelina haya
cuidado bien de las hortensias de tu jardín,
porque sé que son lo que más
aprecias en este mundo, después la tarta al whisky.
Nosotros nos encontramos muy bien, gracias a Dios, incluído el
abuelo.
Después de su último
ataque se ha recuperado por completo y ahora con
el buen tiempo de vez en cuando lo sacamos al jardín para que le
dé el sol.
Su única queja es que ya no puede comer su plato favorito,
cerdo agridulce,
por haber perdido el diente que le quedaba. Las visitas siempre admiran su
envidiable aspecto y ya casi nadie le confunde con un paragüero.
Enriqueta vuelve a estar embarazada. Ahora se antoja todos los días
de comer
cerdo agridulce y no veas la cara que se le pone al abuelo. El otro día
tuvimos que esconderle el bastón y todo. Enriqueta y su marido,
Inesito, han
decidido que si es niño le pondrán Froilán y, si es
niña, no. Esperemos
que no vuelva a salir negrito, porque si no puede haber problemas en ese
matrimonio.
Nuestro querido Reginald, por fin, se ha sacado el carnet de piloto de
locomotora y ahora anda como loco buscando una locomotora que pilotar. Ayer
le robó al abuelo la silla de ruedas y
pasó toda la tarde circulando por
la casa, echando humo por la pipa, y rompiendo cosas.
Todos nos reímos mucho.
Es tan gracioso... me recuerda mucho a tí,
sobre todo por tener un ojo de
cada color.
El otro día tuve que despedir a Antuán,
nuestro mayordomo durante los
últimos veinte años.
A mí nunca me molestó que anduviera de un lado para otro
frotando un trocito de algodón contra los azulejos,
pero cuando empezó a
hacerlo sobre el cerdo agridulce la situación
degeneró rápidamente, sobre
todo porque luego no limpiaba el algodón y se
dedicaba a extender la salsa
agridulce por las paredes. A ver dónde encuentro yo ahora a
otro mayordomo,
con lo mal que esta el servicio.
Yo misma sigo con la rutina de siempre. Por las mañanas me levanto
temprano, toco un poco el piano, insulto a los vecinos que no dejan de
chillarme que qué es ese ruido a las cinco de
la madrugada, rezo siete Ave
Marías y me pongo a hacer ganchillo hasta la hora de comer.
Luego echo
una pequeña siesta, saco al abuelo al jardín y
recibo a las amigas para
tomar el té con cerdo agridulce de las cinco de la tarde.
Jugamos todas
al streap-poker, y no veas lo divertido que es ver a un conjunto de
septuagenarias
quitándose la faja. Luego recogemos los desperdicios y salimos de
paseo por la vereda, del puente a la alameda, derramando lisura. Llego a
casa a la hora de la cena, que suelo compartir con Reginald si
está consciente
y con Enriqueta, su marido y alguno de los niños.
Vemos un poco la televisión
o contamos cuentos al calor de la chimenea y, a eso de las once, me retiro a
mi alcoba. Rezo Siete Ave Marías y
un Padrenuestro y me voy a la cama. A eso
de las dos de la madrugada suelo darme cuenta de que me he olvidado al abuelo
en el jardín y salgo a recogerlo.
Y en eso transcurre mi vida.
¡ Ay, Margaret, qué ganas tengo de verte!
Hace tanto que no hablamos de nuestra infancia...
A ver si podemos reunirnos
para Navidad o para el entierro del abuelo,
lo que suceda antes. Si vienes,
prepararé cerdo agridulce.
La tormenta rugía y aullaba alrededor del castillo. Furiosas
ráfagas de viento helado arrojaban la lluvia sobre las retorcidas
siluetas de antiguas gárgolas que, incólumes,
vigilaban con ojos
pétreos y fríos las desmoronadas almenas de la
edificación. Al romper
contra la piedra y los tejados, la lluvia se deshacía en vapores que
durante un instante parecían asumir formas de almas torturadas
y en pena, antes de desvanecerse de nuevo en el olvido. Por un instante
un relámpago rasgó la oscuridad, revelando el paraje alrededor
del castillo,
donde manadas de lobos de ojos enrojecidos se revolvían, aullando, como
poseídos por un impío espíritu de locura.
Muy por encima de ellos, en
lo alto del más elevado torreón del castillo,
una luz verdosa iluminaba
desde dentro un ventanal gótico...
Con un movimiento lleno de majestuosa y premeditada gracia, la
misteriosa mujer envolvió su figura en la densa negrura de su capa.
Era una capa nueva, lustrosa, recién adquirida para el viaje que se
avecinaba. La mujer comprobó con detenimiento la sedosa textura del
terciopelo negro, que se deslizaba sobre sus cuvas como ondas de
petróleo del Afganistán cayendo sobre un huerto de melones.
Mirándose
en el antiguo espejo cubierto de telarañas, no pudo evitar un
gesto de aprobación: convenientemente siniestra, pero sin sacrificar
la elegancia, como a ella le gustaba. Sólo esperaba que nadie se
diera cuenta de que, en previsión de los rigores del duro invierno
inglés, había sustituido el clásico
forro rojo del interior de la capa
por uno de borreguito. Una podía ser siniestra a la par que elegante,
pero no idiota. Además, en todos los demás detalles
había respetado
la tradición, incluyendo el broche de plata con forma de
murciélago
y el cuello almidonado que, dicho sea de paso, le picaba a horrores.
Considerando que rascarse no era nada siniestro ni elegante,
decidió considerar el picor como uno de esos
gajes del oficio y aguantar
estoicamente.
Ya se disponía a retirarse del espejo cuando algo atrajo
su atención
con la fuerza de un electroimán.
Una vez más había olvidado lo engorroso
que es mirarse al espejo cuando uno tiene poderes hipnóticos.
La última vez había necesitado tres semanas y un martillo del
nueve para romper el hechizo de su imagen reflejada en el cristal. Sin poder
evitarlo, se miró a sí misma.
Tenía una cara acorde con su profesión, con la piel
naturalmente pálida -no
como la de aquellas otras que tenían que pasarse la noche
echándose polvos
de talco encima-, fruto de largos años de evitar el Sol. Sus ojos eran
negros e insondables, y a esta distancia parecían del tamaño
de dos
campos de fútbol. Y, bajo los labios, veíanse
asomar apenas las puntas de dos
afilados colmillos. En cuanto al pelo, en el fondo tampoco
podía quejarse.
Al principio de su carrera había probado a ir por ahí
con elevadas
permanentes y las clásicas mechas blancas naciendo de las sienes. Luego
llegó la cuenta de la peluquería correspondiente a ese mes
y sabiamente reconsideró sus opciones.
Ahora peinaba a raya, con el pelo, negro cual ala de cuervo, cayendo liso y
de forma simétrica alrededor de su cara.
El toque regional lo daba el gorro
de meiga que se ponía los domingos y fiestas de guardar.
Con un esfuerzo de concentración,
logró romper el hechizo y apartar su vista del espejo.
El andar grácil y silencioso de la oscura dama
quedó un tanto malogrado
cuando tropezó con el borde de la capa y
cayó de bruces sobre el suelo.
Estaba visto que jamás le iba a coger el
tranquillo a los malditos tacones.
Pero, ¿dónde se había visto una vampiresa que
midiera menos de metro ochenta?
Lo de los tacones era absolutamente imprescindible, así lo
decía su contrato.
Esa era una de las partes que peor llevaba.
Lo de hablar con acento exotico
había sido facil, pues al fin y al cabo el
gallego no tiene nada que envidiar
al transilvano (salvo la posibilidad de decir cosas
tales como "la faronessa
fon Rindfleisch fefe un fino flanco esquissito"). Tampoco
tenía dificultades
con el horario (de hecho era una de las cosas que más
le atraían de todo el asunto) ni con el tipo de dieta.
Pero lo de los tacones...
Lentamente, intentando parecer todo lo digna y majestuosa
posible mientras se limpiaba
el polvo de la caída, la vampiresa se levantó.
Extendió su mano izquierda,
llena de dedos que hubieran sido esqueléticos y cadavéricos
de no haber sido sonrosados y regordetes, y con un
gesto mitad de bailaora de flamenco, mitad de
chica del tiempo de Tele 5, realizó un símbolo arcano
en el aire. Al punto se oyó un
trueno ensordecedor, al tiempo que se producía una especie de
implosión. Allí donde antes se
encontraba la mujer, ahora había
un murciélago con cara de pocos amigos.
El animalito revoloteó un par de veces en
torno a la habitación, titubeó un solo instante y, con las
orejas bien altas, se lanzó
en raudo vuelo fuera de la habitación. Un momento más tarde
se le volvió a ver pasar, esta vez en la dirección correcta,
intentando poner cara de alguien que posee un
espíritu decidido y dinámico. Su
diminuta silueta se
perdió en la lejanía, rumbo al Norte...
FECHA: 41 SEPTUBRE 2222 DE: CONTROL DE TRÁNSITO TEMPORAL A: EL PASADO
Estimado señor Excmo. Mgfco. Ilmo. Honor. Estupnd. Grand. Gigant.
Etc. Sr. D. Johannes Emmanuelis Benéiticus Prudentíssimus:
Es un honor y un privilegio para mí poder saludar por fin al egregio
fundador y padre de nuestra gloriosa cultura. Sepa usted, señor, que
casi tres siglos de investigación por parte de las mentes más
preclaras del planeta han permitido finalmente perfeccionar el
método de comunicación pan-temporal a través de
las cartas. Claro está que no se han resuelto todos los problemas,
por ejemplo aún no sabemos cómo enviar una carta de papel
reciclado a más de de ochenta años de distancia,
pero tenemos fe en poder resolver estos problemillas en breve. Después
de arduas deliberaciones, el Consejo de Filosofía Postal y yo
mismo hemos decidido que el primer destinatario de una carta enviada
al pasado debería ser Usted, ya que no en vano suya fue la idea
original que ha impulsado nuestro caminar todas estas décadas.
En efecto, aún se conserva en el Museo del Louvre de París,
enmarcado en polidiamante de alta transparencia, el original escrito de
Su puño y letra, con fecha de Uno de Marzo de 1996, en el que
refiere Usted a un tal Diego, personaje oscuro que ha pasado a los libros de
Historia solo por asociación indirecta con Vuestra Excelencia,
la posibilidad de interpretar el tiempo de una forma totalmente novedosa
para los estándares de su época. Señala Usted
que el tiempo posiblemente tenga tres o más sentidos (concretamente
tiene veintisiete sentidos, menos los domingos y fiestas de guardar en
los que el número de estos se reduce a la mitad) y manifiesta
acertadamente que las cartas ofrecen la posibilidad de separar o juntar
los instantes temporales a voluntad. Cita Usted en su carta como fuente
de inspiración la obra de don Sapientín Mundánez,
Populoso, "Sabiduría popular del mundo", que a juzgar por
los comentarios de Usted debió contener profundísimas
revelaciones acerca de la estructura del Universo todo. Desgraciadamente
todos los ejemplares de dicha obra fueron incinerados accidentalmente
por la Censura Vaticana en el año 2013 (1).
Realmente me gustaría conocer el contenido de dicho libro.
Tendrá Usted sin duda curiosidad por conocer cómo ha
cambiado el mundo desde finales del siglo XX hasta este momento.
Aunque poner en su conocimiento muchos detalles podría
cambiar la Historia, estoy autorizado a contarle en líneas
generales algunos de los eventos más importantes y relatarle
de forma resumida los muchos logros de la civilización en
estos años:
Empezamos la crónica poco después de su histórica
carta de marzo de 1996. En las elecciones democráticas de
marzo del año 2000 las urnas españolas ejercitaron un
auténtico tour de force de la indecisión; el
país quedó en confusión legislativa. El Partido
en el Poder (abreviaremos en lo sucesivo llamándolo P.P.), pese a
la ayuda incuestionable de los nacionalistas, se vio forzado a realizar
un complicado juego de alianzas políticas con todas y cada
una de las fuerzas del espectro parlamentario. En ese período de
inestabilidad, marcado por las dimisiones sucesivas de altos cargos
gubernamentales con problemas monetarios, se aprobó y rechazó
por tres veces consecutivas la ley del aborto, se estableció la
pena de muerte (pero sólo para ecologistas pirómanos), se
colocó la jubilación anticipada en la edad de 23 años
para los andaluces y de 150 para los catalanes (¿o era al revés?)
y se establecieron relaciones diplomáticas formales con Abisinia,
país que había desaparecido cincuenta años antes.
Dado el pertinaz clima de crispación, doña Ana Botella,
presidenta a la sazón del Gobierno después del internamiento
en un sanatorio del señor Aznar debido a una grave crisis nerviosa,
decidió convocar elecciones anticipadas para mayo de 2001.
Para esas elecciones el P.P. contó con la novedosa idea de
sustituir totalmente sus candidatos en las listas electorales por
independientes de reconocida fama. Atacó desde el principio con
una campaña agresiva y espectacular: mítines cantados
por María del Monte e Isabel Pantoja, panfletos en los que se
veía a Almunia devorando con glotonería una tortilla de
patata con la forma del territorio nacional, corridas de toros de
Jesulín gratuitas para las votantes y un amplio etcétera de
geniales ideas ante las cuales el resto de partidos no supieron reaccionar
a tiempo. El país se volcó en el partido de centro-derecha.
Con un 95% de escaños en el Congreso y en el Senado, el P.P.
pudo formar gobierno estable, sin olvidar sus promesas electorales:
durante años se recordó aquel Ejecutivo presidido por
Chiquito de la Calzada y, como vicepresidente, José María
Ruiz-Mateos, quien por fin pudo vengarse de Boyer obligándole
por decreto a estamparse tartas de nata en la calva una vez al día
durante el resto de su vida. Fueron tiempos de gran prosperidad para las
artes, auspiciada por la ministra de Cultura, Ana García
Obregón. También mejoró la economía
gracias a la gestión de Rocío Jurado y su José quienes,
compartiendo cartera ministerial, recorrieron toda España en
sucesivas giras ofreciendo galas y llenando con su
aje todos los hogares trabajadores del país.
Después de quince años de gobierno del remodelado P.P., el
turno de poder llegó con el ascenso del P.R.I. (Partido Roldanista
Independiente) que, ayudado en el Parlamento por el P.U.P.A. (Partido
Unido del Pueblo Astorgano), decuplicó la fortuna de los
españoles mediante la simple operación de añadir con
rotulador del siete un cero a todos los billetes de curso legal. Después
vinieron las fatídicas elecciones del 2019, en las cuales se contaron
siete veces más votos que votantes, lo que provocó sorpresa
general y alguna que otra sospecha por parte de los escépticos
empedernidos. El P.R.I. obtuvo una mayoría aplastante en dichos
comicios, pero la súbita desaparición del presidente electo
(relacionada según las malas lenguas con un asunto de faldas)
provocó el desmembramiento del partido y hubo que convocar nuevas
elecciones. Los problemas en el censo motivaron un retraso de ocho meses
en la celebración del plebiscito, etapa durante la cual no se
contó con ningún tipo de gobierno. Es esa época,
recordada por todos con gran cariño, la economía
creció un 300%.
2020 fue el año de la llegada al poder del P.A.T.O. (PArtido del
Trabajador y el Obrero), formación que, paradójicamente,
sólo contaba con empresarios en sus filas. El ministro de
Economía y Hacienda, Oscartiz-10, fue galardonado en el 2025 con
el premio Nobel de Economía y en el 2027 con el Nobel de
Literatura. En el 2029, dentro de su tercer mandato, consiguió poner
fin a la inflación. El precio de una barra de pan estaba, por
aquel entonces, en torno al millón y medio de euros (variando
según la Comunidad Autónoma).
Fue por aquel entonces cuando empezaron a surgir los primeros grupos
bocatistas y sandwichistas. El bocatismo y el sandwichismo se
empezaban a perfilar como los grandes movimientos sociales, políticos,
filosóficos y deportivos del siglo XXI. Los bocatistas eran
tradicionalistas extremos que propugnaban la conservación de los
valores culturales del país por encima de todo. Como máximos
exponentes de dicha cultura proponían la bota de vino, el bocadillo
de tortilla de patata y la copla como suprema expresión musical. Los
sandwichistas, por contra, eran anglófilos convencidos que
sólo consumían hamburguesas, perritos calientes y sandwiches
mientras veían vídeos musicales extranjeros y películas
de Chuck Norris.
Mientras tanto, factores ajenos a la Nación como fueron la
pertinaz sequía y el pequeño amago de guerra atómica
entre Israel y China, unido al triple derrumbamiento de la bolsa del 2032,
pusieron fin al gobierno del P.A.T.O. Vino luego una época de
alternancia política entre comunistas radicales y ultraderechistas
skin que se saldó con veintisiete mil doscientos catorce
muertos en atentados de variada índole entre el 2033 y el 2081. En
dicho año llegó al poder el Grupo Sandwichista Mayoritario,
aprovechando un momento de disensión interna entre los
bocatistas, quienes se escindían en grupos regionales que
defendían a ultranza unos el cocido, otros la paella, otros la
fabada y así hasta treinta y ocho platos diferentes
(2).
El Grupo Sandwichista no pudo pese a todo convertir el inglés en
lengua oficial del Estado gracias a la denodada oposición de la
Real Academia de la Lengua y, sobre todo, de la Sociedad Protectora de
Animales. El senador Rigoberto Malaspulgas, excelente orador y
bocatista convencido, torpedeó una y otra vez el malogrado
Proyecto No De Ley 4284004/5.A según el cual se
prohibiría el uso del segundo apellido.
A todo esto, las ciencias y la vida social no habían quedado en
absoluto estancadas. Por ejemplo, la reapertura del programa espacial
por parte de las principales potencias llevó a todo el sistema
planetario la civilización y el orden. En la actualidad, sin
ir más lejos, es posible visitar en quince minutos la sección
de lencería de El Corte Inglés, sita en la Luna, o tomarse
unas copichuelas con alguna amiga especial bajo la romántica luz
del atardecer marciano (3).
En la vida social también se hicieron grandes progresos. El
trimonio y el tetramonio, originalmente términos matemáticos
bastante oscuros, se convirtieron en las unidades familiares de moda,
más variadas y divertidas que las antiguas. Además,
gracias a los prodigios de la ingeniería genética, los
solitarios empedernidos podían formar ellos solos tri, tetra e
incluso pentamonios en su propio cuerpo y, por un módico "plus"
adicional en el pago, un equipo de psicólogos expertos
podían desarrollar en el feliz multimoniado todo un juego
completo de personalidades múltiples, que ni siquiera tenían
por qué conocerse unas a otras. Desde Norteamérica se
extendieron nuevas formas de ocio, como por ejemplo el uso de jondungos
y mandorcios. Estas prácticas fueron entusiásticamente
adoptadas por los sandwichistas, y por aquellos años todos
los escolares de España eran obligados a jondungar y mandorciar
varias horas al día, quisiéranlo o no.
A muchos de los bocatistas de la época les ofendieron profundamente
este tipo de medidas, sobre todo las relacionadas con la jondungación,
hasta el punto de convocarse imponentes manifestaciones en las que se coreaban
consignas como "Sangüises al retrete" y "No nos toquéis
los mandorcios". Reunidos en la noble ciudad de Lepe, los bocatistas
acordaron poner fin a sus diferencias y oponerse a la tiranía de los
sandwichistas aunque fuera por la fuerza de las armas.
Éste es un episodio triste de la historia de España. El
alzamiento de los bocatistas dio comienzo a la Guerra del Colesterol,
que duró ocho largos años y en la que murieron diecisiete
millones y medio de personas, saldándose con el llamado
Compromiso de Albacete (4)
y la decadencia de ambos bandos, bocatista y sandwichista. Terminada la
guerra, y ya en los albores del siglo XXII, un grupo de regeneracionistas se
propusieron reparar el país. Para ello alicataron toda la Mancha,
pintaron de cal todas las marcas de obuses y pulieron esmeradamente las
principales cadenas montañosas hasta dejarlas al nivel de
la llanura. Desafortunadamente, el presupuesto se terminó a mitad
de Sierra Morena, dejando al país en la más espantosa miseria.
Los años que siguieron a estos eventos fueron oscuros y tristes.
Mas de pronto surgió de entre las masas hambrientas un héroe
legendario, a quien la Historia no ha hecho plenamente justicia, que
ejemplificó el espíritu de nuestro noble pueblo: robaba a
los ricos para dar a los pobres; luego se percataba de que los ricos de
antes eran después del robo pobres, y los pobres, ricos, de modo
que robaba a los pobres enriquecidos para regalar luego el botín
a los ricos empobrecidos. Después robaba a los ricos ex-pobres
ex-ricos con la inteción de devolvérselo a los confundidos
pobres ex-ricos ex-pobres, pero durante el recuento del dinero se daba
cuenta de que había perdido algún que otro céntimo
por lo que, honrado como era, volvía sobre sus pasos, confiando
la recaudación a alguno de sus fieles lugartenientes, el
cual al punto huía a Miami con el dinero. Después algún
rico-pobre-rico-pobre le convencía mediante sutiles argucias de que
lo mejor era que robara a los pobres y le entregara la recaudación a
él; hecho ésto nuestro héroe se retractaba e intentaba
enmendarse, pero mientras tanto el rico-pobre-rico-pobre-nuevamente rico
había tomado ya las de Villadiego y todo el ciclo volvía a
empezar. Al final de su vida este héroe, del que sólo diré
que no se sabe a ciencia cierta el nombre, murió solo y triste, no
sin antes haberse robado a sí mismo un par de veces. A sus expensas
una nueva oligarquía se había enriquecido y empezaba a
reactivar la economía del país.
La floreciente clase comercial estuvo a punto de desaparecer por
la crisis mundial en el mercado de los jondungos, pero consiguió
salvarse gracias a la exportación masiva de artesanías de
encaje de bolillos y botellas de anís de cristal esmerilado.
Hacia el año 2170 el país funcionaba bastante bien, o lo
hubiera hecho si los nacionalistas catalmurcianos hubiesen dejado de
dar la lata. Hubo un intento de golpe militar en el 2178, apoyado por
una pequeña facción de viejos bocatistas "gazpachos",
pero fracasó gracias a que su líder, el coronel Mostacho,
se dió cuenta de que nadie hacía especial caso al asunto y
decidió volver a casa a terminar una partida de mus que había
dejado a medias.
El final de siglo estuvo marcado por dos grandes descubrimientos de
primer orden: por un lado los trabajos de Asensio Triquiñuela,
científico y filósofo ecléctico que formuló
su famoso principio según el cual el fundamento último del
Universo es la ridiculez (5) y, por otro lado, el redescubrimiento y
los primeros avances en la investigación de la Crononáutica
Postal, que ahora nos ocupa. El desarrollo de esta última
ciencia fue espectacular gracias a los generosos donativos de múltiples
mecenas del mundo de las finanzas quienes, deseosos de poder hacer de
aquí a unos lustros la declaración de Hacienda del
presente año, tenían un especial interés en el
avance del saber humano.
Desgraciadamente, los trabajos teóricos de Matías Swanson
demuestran claramente la existencia de un límite práctico
a la extensión de una carta que viaja hacia atrás en el
tiempo: no puede tener más de cinco o, a lo sumo, seis folios
de longitud. Lo idóneo, según algunos brillantes y
jóvenes cerebros, es el empleo de postales, capaces de transmitir
más de mil palabras en muy poco espacio. Otra posibilidad que
se halla en fase de investigación es la de mandar hacia atrás
cartas hechas de papel de fumar, e incluso de papel higiénico. Pero
hasta el momento son sólo atrevidas especulaciones. Por el
momento debemos limitarnos a lo que nos imponen las teorías vigentes,
y por tanto debo despedirme. Quisiera antes, no obstante, agradecerle a
Usted el hecho de Haber Existido, y no sólo eso, sino
también el que Haya Usted Existido con Tal Gracia y Salero.
Un afecuoso saludo:
Ogeid Znarreh, jefe de control de tránsito temporal
(1) La Iglesia Católica, incluso después de aceptar el uso
del matasuegras y el sello de látex, se ha opuesto firmemente
a los estudios en materia temporal por considerar que ni las Escrituras ni
el legado de los Padres de la Iglesia mencionan la posibilidad de leer hoy
el periódico de mañana. Dicho sea de paso,
tampoco dicen nada acerca de los periódicos en sí. No
obstante, el Concilio del año 2160 tuvo que reconsiderar su postura
ante el hecho irrefutable de que las cartas de San Pablo han viajado
efectivamente hacia el futuro desde que fueron escritas en el siglo I. En
la encíclica "tempora explanans", el sumo pontífice
declara el viaje en el tiempo pecado venial siempre y cuando se viaje
hacia adelante únicamente. El viaje hacia atrás es considerado
causa de excomunión salvo en el caso de ser presenciado por un
mínimo de 20.000 testigos, en cuyo caso entraría en las
listas vaticanas de posibles milagros,
pudiendo dar lugar a un proceso de beatificación en toda regla.
(CONTINUAR)
(3) La relativa accesibilidad del vuelo espacial no lo convierte en algo
exento de problemas. Un claro ejemplo está en el Cinturón
de Asteroides, lugar favorito de las familias de clase media para hacer
meriendas dominicales. Los domingueros acostumbran a llevarse piedrecitas
de recuerdo, despoblando la región de aerolitos; muchos se dejan
los envoltorios de paella precocinada a la vista de los cosmonautas; por
si fuera poco, los atascos de tráfico a la vuelta del fin de
semana son inmensos. A veces uno llega a envidiar la tranquila vida de
que disfrutaban ustedes a finales del siglo XX, sin este tipo de
inconvenientes.
(CONTINUAR)
(4)
El Compromiso de Albacete llegaba a una solución salomónica
que permitía a los españoles de ambos bandos comer pizzas
(de pasta fina), siempre que las aceitunas y alcaparras fueran de
producción nacional. La paz estuvo a punto de quebrarse debido
a una diferencia de opiniones con respecto al número máximo
de anchoas permitido, que provocó gran zozobra entre los estadistas
y más de un sumarísimo fusilamiento.
(CONTINUAR)
(5)
Tras los trabajos del profesor Triquiñuela los físicos
aceptan cuatro fuerzas fundamentales en la base de todos los fenómenos
naturales: la Ridiculez, la Mala Leche, la Concupiscencia y la Idiosincrasia.
(CONTINUAR)
Me acaban de entregar tu encartadora misiva. Al principio la
confundí con una monocotiledónea, mas luego me
di cuenta de que no
podía ser porque carecía de estambres y pistilos. Ya
antes de abrirla supe que sólo podía provenir de tu persona, por
el inconfundible aroma de cerdo agridulce que de ella emanaba.
Eso, o el repartidor del restaurante chino de la esquina ha vuelto
a su pluriempleo como cartero. Ahora que lo pienso,
eso explicaría muchas cosas.
¡Me ha alegrado tanto saber que el abuelo está mejor!
Aún
recuerdo esas interminables noches de invierno, escuchando sus
amenas historias de la Guerra, sentada entre sus rodillas....
todavía conservo intactas las almorranas. Fue también por
aquel entonces cuando descubrí dónde guardaba el tío
Humberto la petaca con el whisky. ¡Qué tiempos!
Qué felices eramos entonces, y no ahora, en estos
años de desconsolada vejez y abstinencia. Menos mal que
tengo la compañía de Adelina, aunque ya no es la que
era, la pobre. Desde que murió
su marido, don Praxíteles, se la nota muy desconsolada.
Ya no nos deleita con sus conciertos de bombo, ni
ha vuelto a pescar ballenas como antaño. Ni siquiera
sus viejas amigas del equipo de demoliciones femenino
han conseguido sacarla de su apatía. Va de un lado para otro
como alma en pena. Incluso diría que ha adelgazado, aunque
es difícil saberlo, ya que nunca la he visto entera.
Y eso no es todo. Sospecho que por las noches entra
furtivamente en mi cuarto y me roba mis supositorios.
Pero yo estoy dispuesta a perdonarla, porque al
fin y al cabo somos amigas. Además, siempre que
puedo le quito sus antidepresivos y se los
cambio por caramelos de menta, o a veces por
algún comprimido de Viagra. ¡Eso sí que la anima
un montón!
Estas entrañables rencillas de viejas son lo único
que nos salva del aburrimiento a Adelina y a mí. Eso y nuestro
pequeño jardincito, con sus hortensias. Podemos pasarnos horas
cuidando cada ramita, cada tallo, cada brote, preparándolo
todo para la Feria Floral anual. Por desgracia nunca conseguimos
participar, ya que siempre nos cansamos antes y acabamos
fumándonos las hortensias. ¡La jardinería ofrece muchas
satisfacciones!
Y ahora te tengo que dejar, porque viene Adelina a buscarme
para nuestra ronda diaria por los puertos de la ciudad. A veces
llega algun marinero extranjero muy necesitado y muy
corto de vista, ya sabes.
Da recuerdos a Enriqueta y al tonto de su marido.
A ver si me acuerdo un día de éstos de enviarle
a Reginald unas hortensias al sanatorio.
Era el momento de la Aurora.
Amanecía sobre los verdes prados. Los tímidos rayos
de sol se demoraban por entre las veredas, disipando lentamente
los últimos vestigios de neblina que el relente de
la noche había formado, arrojando una suave luz sin apenas matices
a lo largo de cañadas y vericuetos, titilando sobre
el rocío y las aguas del arroyo.
A lo lejos, los tejados de la aldea dormitaban bajo la benévola
mirada de un antiguo y venerable campanario. Todo era paz en
el desprevenido valle.
Llegó ella, brincando ladera abajo, risueña, tarareando
alegremente una
melodía infantil. Tenía las orondas mejillas
encendidas de juvenil
arrebol y sus ojos chispeaban, alegres, mientras entonaba
para sí misma su canción. Vestía un sencillo traje de
pastorcilla adornado con una pelliza amarillo limón y el
cabello negro suelto, flotando alrededor de sus orejas. Toda ella
parecía directamente extraída de un anuncio de "Timotei".
De pronto, un ruido proviniente de los arbustos del camino sobresaltó
a la muchacha. Con un respingo detuvo su trotar y, cautelosamente,
se aproximó al lugar
del que provenía la perturbación. Para su
sorpresa y deleite un enorme conejo blanco y marrón
salió de entre los matojos
y, moviendo graciosamente su naricilla, se la quedó
mirando unos instantes.
Segundos más tarde, el gracioso animalito
se dio la vuelta y emprendió juguetona huida, meneando
cómicamente
su rabito.
"¡Conejito, conejito!", llamó con voz aguda la niña,
"¡Vuelve! Quiero jugar contigo". Y, recogiendo un poco su
faldita, saltó al campo en pos del algodonoso animalito. Corrieron
ambos entre las margaritas, las caléndulas y las berenjenas
silvestres, provocando remolinos de pétalos y polen tras sus pasos.
Por allá donde pasaban, decenas de animalitos alérgicos
les saludaban con regocijados estornudos y algún que otro ocasional
esputo. De un lado a otro del valle corrieron, hasta que por fin
el cansancio empezó a hacer mella en la pastorcilla.
Desconsolada, tuvo que sentarse sobre un grueso tronco para
recuperar el aliento. "Qué pena más negra",
se decía, "yo sólo quería un amiguito para
quererlo y abrazarlo y cuidarlo y agobiarlo con
innumerables carantoñas".
Pasaban por allí en ese momento el leñador de la aldea
y el guardabosques, que habían salido temprano aquella mañana
para realizar sus valiosos trabajos. El leñador recogía
madera y con ella confeccionaba muebles para toda la aldea,
mientras que el guardabosques era calvo. Oyendo los lamentos
y quedidos de la muchacha, ambos rudos hombres sintieron
conmoverse sus corazones y acordaron mutuamente dar caza al
conejito y ofrecérselo a la niña para que la sonrisa
pudiera volver a su mofletudo rostro.
Y, finalmente, tras una larga cacería y no pocos heroicos esfuerzos,
los dos hombres pusieron a los pies de la pastorcilla el
suave mamífero. Y a partir de ese momento el conejito
vivió en una hermosa jaula de reducidas dimensiones,
de la cual la joven pastorcilla podía sacarlo cada vez que
quería satisfacer sus deseos de sentirse querida.